6 febrero 2018

El coste de las vacaciones

Los turistas que nos vistan cada año eligen el destino en base a ciertos factores, entre otros, el nivel de precios. Mayoritariamente vienen a través de tour operadores, que ya les han cobrado el importe del gasto de traslado y hotel en origen y, en algunos casos, a plazos a lo largo del año.

Pero hay otros gastos que se tendrán que satisfacer cuando lleguen y disfruten de sus vacaciones. Este no es un importe menor si van a estar un tiempo en nuestro país y, además, son una familia. Es por ello que la medición del gasto turístico anual se analiza por los operadores con detalle y se están haciendo numerosos informes cada temporada.

Un informe recientemente publicado en el  Reino Unido “Barómetro de los costes vacacionales”, referido a 20 destinos de sol y playa en Europa sobre los precios de diez productos usualmente consumidos por los turistas, pone de relieve el encarecimiento que se está produciendo en la oferta complementaria en determinados lugares, especialmente en aquellos que han apostado por la calidad.

En el informe destaca el caso de Ibiza, donde la media del coste de esta cesta de productos es un 15% superior a otros destinos tradicionalmente caros como son la Costa Azul. Por ejemplo, Ibiza es el sitio más caro para tomar una cerveza (3,47€) o tener una comida de tres platos para dos personas (33,68€). En esta cesta de productos que van desde la cerveza a una crema solar arroja para Ibiza un coste total de 149€ mientras en Niza el coste es de 132,27€ y en Mallorca de 100,90€.

¿Que causa esta desviación tan importante y por qué se acentúa en estos últimos años?

Hay varias razones, la primera es que la oferta se está segmentando y es normal que en Baleares tengamos hoteles con ofertas increíbles para turismo joven y, solo a pocos kilómetros, tengamos también zonas tan exclusivas como Ibiza. Esta segmentación es evolutiva por la propia maduración del producto.

Otra razón es la apuesta por la calidad, al haberse renovado la planta hotelera, lo que ha permitido reposicionar los establecimientos. Tenemos el ejemplo de la Playa de Palma, que había sufrido un deterioro y que ahora ya cuenta con varios hoteles de cinco estrellas, y lo que es más significativo, construidos en los dos últimos años, algo que ya ocurrió en Miami.

Otra causa es el branding, es decir, el efecto marca. De esto ya teníamos ejemplos en la costa esmeralda de Cerdeña. En Ibiza se ha construido una marca y también se ha sabido ir transformándola a mejor, pero no ha sido solo por el empeño de algunos pioneros, sino también por el efecto inducido de una innovación de producto, más ajustado a la demanda de ocio que al puro disfrute de unos días de hotel al lado del mar.

De todo ello podemos extraer una conclusión: la renovación de la planta hotelera genera retornos más allá de la rentabilidad a corto plazo, al transformar la oferta complementaria y finalmente el destino. Esto es algo por lo que ya están apostando los hoteleros, y que debería ser incentivado con unas mayores ventajas fiscales a la inversión. Una que nunca ha prosperado sería la de eliminar los límites a las deducciones por amortizaciones.

Ignacio Esteban, Socio coordinador Auren Turismo

 

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