7 julio 2016

Financiación europea: ¿clave para mi estrategia?

Desde el comienzo de la crisis financiera en 2008, la economía de los países miembros de la Unión Europea se ha visto fuertemente afectada. Si nos fijamos en el tejido empresarial español, entre 2010 y 2015 han cerrado entre dos millones y medio y tres millones de pequeñas y medianas empresas.

A día de hoy, nos encontramos en buen momento para aprender de los errores y construir modelos resilientes y preparados para la adaptación al cambio, cada vez más presente. Podría deducirse de todo esto que un sistema, público o privado, tiene infinitas más posibilidades de perdurar si basa su funcionamiento en la integración constante de la innovación, el aprendizaje continuo y la integración de los procedimientos de gestión más eficientes a cada momento. Pero, ¿cómo hacer que nuestras empresas o sistemas públicos sean los sistemas del presente y del futuro?

Bien es sabido que para que la actividad empresarial, o cualquier tipo de actividad, pueda desarrollarse con éxito, debe existir un nivel de financiación adecuado.

De hecho, según el Instituto de Estudios Económicos (IEE), el origen de las dificultades que está sufriendo el tejido empresarial español se encuentra en una estructura de financiación muy dependiente de la financiación ajena y, en particular, de la bancaria en el caso de las pequeñas y medianas empresas.

España, como estado miembro de la Unión Europea, tiene una muy interesante oportunidad de engancharse a la Estrategia Europa 2020, si sabe aprovecharla.

El objetivo de la Estrategia Europa 2020 es dar respuesta al reto de salir de la crisis y encarrilar las economías de la Unión Europea por la senda del crecimiento sostenible. Esta estrategia pasa por el restablecimiento de unas finanzas públicas saneadas, reformas estructurales que mejoren el crecimiento, e inversiones específicas para el crecimiento y el empleo.

Para su implementación, la Unión Europea dispone de diferentes programas y herramientas con los que priorizar y dirigir la inversión de sus fondos públicos, así como estrategias para la promoción de las inversiones privadas. Todo esto con el principal objetivo de aumentar la competitividad y la convergencia de los países miembro y hacer de la Unión Europea una potencia económica que plante cara a las otras grandes economías mundiales.

En particular, el gasto de la UE se orienta hacia la investigación y la innovación, el apoyo a las PYME, la calidad de la enseñanza y la formación, en fomentar unos mercados de trabajo integradores que permitan la calidad del empleo y en la cohesión social.

Otro de los ejes transversales y fundamentales de la política de la Unión Europea es la integración de los objetivos en materia de cambio climático, y la transición a una economía con bajas emisiones de carbono que utilice eficazmente los recursos.

En este caso, como en casi todos, los dichos populares nos dan grandes claves de éxito, por lo que sí, en este contexto, decimos que “la unión hace la fuerza", no nos equivocamos mucho.

El desconocimiento de estas herramientas de financiación, tanto para el sector público como para el privado, supone una desventaja competitiva no sólo interna, sino también respecto a los países vecinos.

Si analizamos la situación de nuestro país en relación a la captación de fondos europeos, observamos que ésta se encuentra en constante cambio, puesto que responde a los retos estratégicos de crecimiento de la UE y de sus estados miembro.

Si las empresas grandes y pequeñas, con ánimo y sin ánimo de lucro, e incluso las administraciones públicas, pudieran acceder a un mejor y más amplio conocimiento de los objetivos estratégicos de la Unión Europea, así como de los fondos destinados a cada uno de esos objetivos, dispondrían de una sólida herramienta para su desarrollo y consolidación.

Esta oportunidad de financiación europea supone, por todo lo anteriormente expuesto, un aspecto clave para el presente y futuro, tanto de nuestro tejido empresarial, como de nuestro sistema público. A través de una buena integración en las estrategias públicas y privadas, se puede alcanzar una base sólida, alineada con la política económica, social, ambiental, climática y demográfica de la Unión Europea. Todo esto, asegurando el despliegue del potencial innovador de nuestra economía, su posicionamiento en un mercado global y con flexibilidad para la adaptación a los cambios, cada vez más rápidos en esta era tecnológica.

No es desdeñar el esfuerzo que supone el poder acceder a esta financiación europea, puesto que se requiere un alto conocimiento de la política europea y sus mecanismos, además de que las posibilidades de éxito no superan el 15% (como media teórica de los diferentes programas). También la preparación de las memorias requiere una dedicación importante en tiempo de un equipo técnico, por lo que muchas veces es aconsejable dejarse ayudar por una consultora que conozca los programas y que garantice la presentación de una buena memoria, pueda apoyar en la búsqueda de socios o en el desarrollo de los canales de colaboración y comunicación. Pero, no por difícil dejamos de hacer aquellas acciones que consideramos clave para nuestros negocios o para la mejora de nuestras instituciones y los servicios que ofrecemos.

En un momento en el que los medios de comunicación analizan todos los condicionantes del Brexit, la integración europea está, más que nunca, en boca de todos. Desde el punto de vista de la competitividad del sistema económico español, no podemos más que ver las oportunidades que nos brinda la sinergia y la cohesión de Europa, para un crecimiento sostenido, en el que se maximiza el potencial de las empresas y se posibilita la adaptación los servicios públicos a las necesidades presentes y futuras.

Cristina Sempere, responsable del servicio de Proyectos Europeos de Auren

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